Condenaron a ex policía por intentar robar diez fusiles FAL - El Territorio Misiones

Condenaron a ex policía por intentar robar diez fusiles FAL

Miércoles 12 de agosto de 2020 | 04:00hs.
El robo se produjo en el Instituto de Formación Policial. | Foto: Natalia Guerrero
Un ex agente de la Policía de Misiones fue condenado a tres años de prisión en suspenso y dos de inhabilitación especial por el frustrado hurto de diez fusiles automáticos livianos (FAL) del Instituto Superior de Formación Técnica Profesional del Personal Subalterno de la Policía (Isfotep) de Misiones.

Según detallaron fuentes ligadas al caso a El Territorio, se trata de Tiago Rodrigo Stiegelmeier (29), oriundo de la localidad de Colonia Aurora pero que a fines de marzo de 2013, cuando cometió el delito, tenía domicilio sobre la avenida Chacabuco casi Santa Catalina de la ciudad de Posadas.

El ex policía, que en ese momento cumplía funciones en el Sistema de Vigilancia 911, llegó a la instancia de debate en libertad e imputado por delitos de cohecho activo y hurto agravado en grado de tentativa por haberlo cometido siendo miembro de una fuerza policial.

La instrucción fue llevada adelante por el Juzgado de Instrucción Siete, en ese entonces a cargo del magistrado José Alberto López, pero al elevarse a la instancia de debate la causa pasó al fuero Correccional y de Menores Dos para que el juez César Raúl Jiménez, constituido como tribunal unipersonal, se ocupe de dictar sentencia.

Finalmente Stiegelmeier prefirió acortar los tiempos procesales y admitir su responsabilidad en un juicio abreviado para evitar sentarse en el banquillo. Y por la condena que recibió, tampoco irá a la cárcel. En el acuerdo intervino su abogado defensor, Carlos Aparicio Villagra Centurión y la fiscal Correccional y de Menores, Yolanda Mazal de Mass.

Un primo del acusado que también participó del hurto, pero el delito que se le imputaba, “coautor de hurto simple en grado de tentativa”, prescribió y no fue juzgado.

Diez fusiles
Según reconstruyó la investigación, el jueves 21 de marzo del 2013 el acusado citó a un colega que trabajaba en el Isfotep a una reunión fuera del trabajo. Días antes ya le había adelantado que había una propuesta de negocios para el hombre, que tenía entonces el rango de sargento.

El uniformado desconfió de la situación y decidió dar aviso a sus superiores de lo que estaba sucediendo. De esta forma, fue a la reunión en su motocicleta, pero con el respaldo de Sandro Martínez, entonces director del Isfotep y que hoy está al frente del Centro Integral de Operaciones (CIO-911).

Según figura en la resolución judicial, Martínez lo siguió desde muy cerca e incluso tomó fotografías de toda la maniobra. El registro se volvió después en una pieza clave de la investigación.

Al lugar del encuentro Stiegelmeier llegó en una Honda Tornado 250 y le pidió a su colega que lo siga hasta su casa. Al llegar al inmueble cambió el vehículo y siguió en su Volkswagen Gol hasta otro punto de la ciudad, donde le pidió a quien creía que era su socio que se suba.

En el coche, polarizado, le entregó 10.000 pesos en efectivo a cambio que en la guardia siguiente le deje vía libre para entrar al Isfotep, ya que tenía planeado sustraer varios fusiles y un par de ametralladoras MK3.

Con ese mismo vehículo y con el apoyo de su primo en la motocicleta,  el acusado se dirigió el día pactado hasta el edificio del Instituto, donde ya se había montado un importante operativo policial. Stiegelmeier hizo una vueltas de reconocimiento y, pasada la medianoche, estacionó en una calle lateral dejando el vehículo en marcha y las luces encendidas.

Ambos entraron al edificio y luego de un breve tiempo dentro, salieron con dos bolsos de grandes dimensiones que metieron dentro del vehículo. Pero antes de que puedan huir aparecieron los policías dando la voz de alto. Stiegelmeier bajó con su reglamentaria en la mano, pero luego de escuchar disparos intimidatorios la arrojó y fue detenido.

Además de la 9 milímetros y los vehículos,  se secuestraron en el lugar 2.000 dólares y 470 pesos.

Destino
Sobre el destino de las armas, personas ligadas al proceso señalaron a El Territorio que hubo indicios -aunque nunca terminaron de solidificarse-  de que podrían tener como destino final a Brasil. Esto se ve apoyado en que el acusado es oriundo de Colonia Aurora localidad al borde del río Uruguay que limita con el vecino país.

Incluso no se puede descartar que, por el importante poder de fuego del material que intentaron robar, estaba destinado a grupos criminales. Sin embargo, todo se vio frustrado y esas armas no cayeron en las manos equivocadas.

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