“Dinamarca ahorró los últimos años por una eventual tragedia”

Jueves 2 de abril de 2020 | 02:00hs.
Anibal Kislo reside en el país europeo desde 1989, junto a su esposa e hijos.
Por Daniel Villamea

Por Daniel Villamea Corresponsalía Oberá

“Sigo las noticias de Argentina y tengo contacto diario con mis hermanos y mis viejos, que ya están con 81 años y, por ende, en un grupo bravo”, reflexionó Aníbal Kislo (52) con el corazón y los sentimientos divididos en tiempos de pandemia. 
El obereño se mudó a Dinamarca en 1989 y reside en la ciudad de Kolding, en la zona de la península, junto a su esposa y sus dos hijos, de 20 y 18 años. 
Ayer, al momento de la charla con El Territorio, con una diferencia horaria de cinco horas, contó que entrada la tarde hacía 5º. Pero en invierno afrontan temperaturas a más de 20º bajo cero. 
Eso sí, nunca falta el mate, que toma con una reconocida marca de yerba mate misionera, que compra de Alemania a 7 dólares el kilo. 
Kislo trabaja como como jefe de mantenimiento técnico de un establecimiento dedicado a la enseñanza de adultos que padecen secuelas de accidente cerebrovascular (ACV) o traumatismo de cráneo, como también alberga un centro de educación para jóvenes con discapacidad mental.
Tiene a su cargo cuatro edificios ubicados en un radio de 30 kilómetros y ocho micros. 
Además es artista plástico y su esposa posee una guardería. 
Respecto a las consecuencias de la pandemia en el país escandivo, precisó que de una población de 5,6 millones de habitantes, hasta ayer se habían registrado 2.860 contagios y 90 decesos. Por lo que el gobierno ya anticipó que luego de Pascua irá atenuando las restricciones.  
“El 12 de marzo, Dinamarca fue el primer país escandinavo que decretó que todas las instituciones estatales deberían cerrar y los empleados se fueron a sus casas. Dinamarca ahorró en los últimos 20 años por alguna eventual tragedia, a pesar de que el gobierno fue cambiando de partido”, destacó Kislo. 

Buenos indicios 
Un rato antes de la charla con este diario, Kislo y su familia asistieron a la inhumación de la madre de su esposa, quien falleció el martes a los 90 años por causas naturales. 
Al respecto, comentó que “fue ceremonia pequeña, sólo los hijos y yernos. Cuando pase este problema de la pandemia, haremos un funeral como Dios manda”.
Contó también que, en la cuarentena, los trabajadores estatales reciben el total de sus sueldos. Mientras, los empleados del sector privado reciben un subsidio del Estado de hasta 30.000 coronas (4.500 dólares) por mes. “Y eso se puede hacer porque tenemos gobernantes serios”, opinó el misionero. 
Ante el control del virus y las buenas proyecciones a corto plazo, mencionó que la primer ministra, Mette Frederiksen, ya anticipó la intención de ir reduciendo las restricciones a partir del lunes 13 
“Acá cerraron las fronteras, y las cerraron en serio. Los restaurantes mandan comidas a las casas, pero los bares y demás están cerrados. Yo, por ejemplo, iba a mi trabajo sólo un par de horas para controlar que todo estuviera bien. Pero el martes empecé a ir más horas”, indicó.
En tanto, si bien señaló que “los precios no aumentaron, justo cuando la primer ministra dio la orden de quedarnos en casa, la gente fue medio desesperada a comprar levadura, harina y papel higiénico, pero se calmaron al ver con el transcurrir de los días los supermercados seguían y siguen con buena provisión”. 
“Hubo falta de alcohol para limpiarse las manos, pero fue cuestión de unos días nada más, porque unas destilerías locales empezaron a producir alcohol, incluso con cerveza. La gente tiene mucha predisposición para ayudar donde sea”, cerró.

Una recuerdo de su vuelta a la Argentina

En enero de 2006, Aníbal Kislo y su familia fueron protagonistas de las páginas de El Territorio tras protagonizar una inolvidable aventura de cuatro meses en los que recorrieron 13.400 kilómetros por rutas argentinas y de países limítrofes a bordo de un Renault 4, la eterna y confiable Renoleta. “Para mí, lo más importante era que los chicos conozcan Argentina y que estén con mis viejos”, contó aquella vez.


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