Los vencedores - El Territorio Misiones

Los vencedores

Domingo 9 de agosto de 2020 | 00:30hs.
Foto: Archivo

Por Horacio Quiroga

Hágale dar inyecciones de permanganato; ¡pero enseguida!

El peón se encogió de hombros de un modo sobrado incrédulo.


-¿El perganato?...Eso no hace nada. Voy a ver a doña Florinda.

-¡Ah! ¿Y qué hace ella?

Es vencedora; vence la picadura de víbora.

Y el peón se fue. Quien lo interrogaba quiso a su vez ver maniobrar a la gran vencedora, y fue con aquel a su casa. Allí estaba su hijo, un indiecito de ocho años, con una pierna monstruosamente hinchada, y en un alarido. La tarde anterior lo había mordido una querereó, según informes de la víctima. La hinchazón, por lo menos, era formidable.

Una hora después llegó doña Florinda, y en pos de una desconfiada y desdeñosa ojeada al intruso caté, en quien adivinaba un incrédulo, procedió al vencimiento. La cosa era aparentemente sencilla. Se colocó en cuclillas ante el infeliz muchacho, y extendiendo el brazo hasta la mordedura, murmuró una oración. Nadie sabe en qué consiste esa oración, y acaso el vencedor tampoco. Luego en voz alta:

-¿U qué é que te picó?

Pausa. Al rato, el paciente:

-Un bichinho…

Otro momento de espera.

-¿U qué é que te picó?

Nueva pausa.

-Un bichinho…

….

Y así, doce o quince veces. ¡Desgraciado del mordido si dice que fue una víbora! Un bichito solamente…

Al fin la vencedora hizo una cruz en el aire, volvió otra vez a su ininteligible conjuro, y se incorporó. Desde ese momento el chico podía darse por curado, y así lo expresaba la cara triunfal de todos.

Lo curioso es que la criatura, aunque paralítica de todo un lado por espacio de quince días, sanó. No todas las mordeduras de víbora matan, felizmente, y de aquí el influjo de los vencedores, porque si la víctima sucumbe al veneno, es porque era de morir…

Así como no todas las víboras matan, tampoco los vencedores abundan. Cada localidad tiene dos o tres, de ambos sexos, y en ningún obraje falta un vencedor, real o aficionado. Su arte milagroso se extiende a infinitas ramas del sufrimiento corporal o económico, y así vencen tormentas, gusaneras, dolor de muelas, etc.

Cada acto de estos tiene su liturgia especial, de la cual no es posible prescindir. Exceptúase únicamente el vencimiento de la picadura de la raya. Basta con que una persona cualquiera del sexo femenino se siente sobre el vientre de la víctima del pescado: el pie o la mano se deshinchará, incontinenti. Parece que el gremio plenario de vencedores ha transferido a la mujer su facultad milagrosa.

Pero para este solo caso. En los demás, el vencedor interviene, sine qua non. Para vencer el ojeo provocado en una criatura de pecho por una mujer de mal carácter, el vencedor acude antes de las veinticuatro horas fatales después de producirse el quebranto. Hace una cruz delante del infante que gime, casi ya en agonía, y repitiendo las cruces por tofos los puntos del chico, exclama:



Tu mamita te tuvo y te crió

te pusieron quebranto.

Yo te quitaré

en el nombre

del Espíritu Santo.



Esta vez la víctima se ha cortado con el machete, de cuyas resultas ha habido pasmo, y el pie está hinchado. El vencedor hunde el pie enfermo en ceniza, y con un cuchillo sin punta corta por tres veces el molde que ha quedado en la ceniza, y se entabla el diálogo:

-¿U qué é que cortó?

- Ingüe inflamado…



-¿U qué é que cortó?

-Ingüe inflamado…



Lo que quiere decir ingüe, acaso jamás lo sepa nadie. Así se pronuncia, por lo menos.

Ahora la enfermedad consiste en un cansancio general producido por exceso de trabajo al sol, etcétera, algo de lo que podría ser surmenage, y que en el bosque se llama rendidura. El vencedor o vencedora cose detrás del rendido un trapito, mientras conversan en voz baja.

-¿U qué é que te coso?

-La rendidura…



Al final de la costureada, que dura bastante, la Vencedora concluye:

“Aquí te coso

carne rendida,

“niervo” torcido,

hueso quebrado”.



La langosta raramente llega a los cultivos del bosque; pero si tiene esa veleidad, bien pronto es vencida. En tanto que el dueño del rozado mantiene tres langostas sobre un troncón, el vencedor gira a su rededor con los brazos al aire, murmurando:

“Angosta que vinistes

a comer el maís

a los pobres,

yo te mando: ¡Salí!”

El cultivo puede ser un bananal o cualquier cosa, pero no importa; lo que es bueno para el maíz es bueno para todo.

Pero si la fuerza milagrosa del vencedor es, como se ve sorprendente, aquella fuerza crece hasta el milagro mismo si interviene el Divino. Esto consiste en un estandarte colorado con una paloma de cera o trapo por lanza, y que se adorna con cintas y tiras de papel trenzado. La vencedora marcha con él por los caminos, seguida de numeroso séquito con música. Si en el rancho a que llegan hay enfermos, éstos curan de seguro. Si no los hay, no los habrá nunca. Es bien sencillo. Se obsequia a la sagrada comitiva con lo que hubiere, y la vencedora recibe centavos que son para el Divino, pues ella no es más que una intermediaria.

Doña Florinda, conocidísima en la región donde actúa, es la intermediaria en cuestión. Notabilísima vencedora, ha actuado con gran éxito, y su compañera predilecta en lo del Divino es doña María, cuya fiel efigie acompaña estas notas del bosque. Desgraciadamente doña Florinda ha abandonado el teatro de sus hazañas por peores climas, lo que al decir de los entendidos, es su más sorprendente milagro.

Como curiosidad sobre este curioso ejemplar de la vida del bosque de Misiones, cumple decir que es uruguaya, nacida en el Salto Oriental.

Misiones, abril de 1913. Publicado como nota en la revista “Fray Mocho” y con el título de “Estas notas del bosque”.

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